No todo vale (tampoco en el periodismo)

No todo vale (tampoco en el periodismo)

Enric González escribió en su libro ‘Historias de Nueva York’ (RBA) que para disfrutar del oficio de periodista conviene ser joven y un poco inconsciente, como para enamorarse o firmar una hipoteca. El envejecimiento trae consigo la duda, el cinismo y la decepción. Añadía que se trabaja igual, quizá mejor, pero todo es menos divertido. 

Confieso haber abusado de su reflexión en conferencias y en clases en la universidad. Dudar, preguntar e intentar obtener las respuestas se ha convertido en una osadía en esta profesión en la que lo más rentable es darle a la audiencia lo que quiere aunque eso implique sacrificar la verdad. Cuando hay políticos que lo hacen nos parece mal. Pero si lo hace un periodista no tenemos empacho en dar por bueno que se escude en el derecho a la libertad de expresión aunque los haya que mientan a sabiendas. 

Las redes han acelerado un proceso en el que muchos políticos y no pocos periodistas actúan como propagadores de mentiras, a menudo camufladas en medias verdades e insultos. Pablo Casado calificaba en entrevistas y ruedas de prensa de “traidor”, “felón” y “okupa” al presidente del Gobierno mientras Federico Jiménez Losantos en su programa hablaba de Pedro Sánchez como del “psicópata de la Moncloa”. 

Casado ya no está pero la maquinaria para deslegitimar al Ejecutivo no solo sigue en marcha sino que, aplicando la plantilla de Trump, ahora alimenta el bulo de un pucherazo electoral en caso de que Sánchez ganase las próximas generales. Esto es lo que soltó Jiménez Losantos hace menos de un mes en su programa:

“Alguien capaz de liquidar el delito de sedición, rebajar a la nada el delito de malversación, sacar a los ladrones y violadores de prisión o que va a Europa a culpar a la oposición de lo que él está haciendo… ¿Alguien cree que habrá un proceso electoral limpio en España… ¡pero cuánto tonto!, ¡cuánto imbécil!”.

Casado ya no está pero el PP de Feijóo sigue jugando con el fuego que consume las democracias cuando especula con que los cambios en la dirección de la empresa Indra tienen como objetivo controlar a quienes supuestamente hacen el recuento de votos, aunque no es así (la empresa centraliza los datos pero no cuenta las papeletas). En España el recuento es manual y lo hacen ciudadanos escogidos al azar. Los votos se suman en cada mesa, en presencia de los ciudadanos a los que, por sorteo, les toca participar en el proceso y de los interventores y apoderados de los distintos partidos que fiscalizan el proceso hasta que se comunican los resultados de cada mesa. El PP lo sabe perfectamente pero aun así se ha abonado a una fake que cada vez circula más por grupos de whatsapp.

Hemos ido de menos a más y llegados a este punto no queda otra que desandar camino y señalar los errores evidentes que contribuyen a una mayor confusión y minan la democracia que muchos dicen defender con más aspavientos que razón. Sería iluso pensar que los políticos y estrategas de la extrema derecha y la derecha que se deja arrastrar por ella van a levantar el pie del acelerador. Tampoco lo harán los periodistas con camiseta (en acertada expresión del maestro Ramón Besa). El resto deberíamos intentar que la cosa no vaya a peor. 

Podemos empezar por no mezclar opinión e información sin alertar antes al lector, oyente o espectador. Revisar de vez en cuando nuestros códigos éticos para no estigmatizar a determinados colectivos o fomentar el racismo hasta el punto de hablar de una “guarida de exmenas” para referirse a un refugio de jóvenes extutelados.

Sabemos que la mala salud económica ha llevado a muchos medios a informar en función de los intereses de sus principales anunciantes o accionistas. De eso tampoco se avisa y estaría bien que se corrigiese. Del mismo modo que en la presentación de algunos ‘analistas’ que teorizan sobre la situación política o económica no se explica que a la vez asesoran a partidos o empresas. Pasa cada día y en formatos distintos, desde tertulias a columnas. Dar por bueno eso no sé si es el cinismo del que hablaba Enric González. Lo que seguro que provoca es no poca decepción entre los que aún pensamos que no todo vale. 

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