Los retos electorales de 2023

Los retos electorales de 2023
José Peñuela
Enero 10, 2023 – 8:21 PM

* Inflación, la preocupación central

* Las exigencias de la seguridad

 

 

Las elecciones regionales de este año estarán fuertemente incididas por los aspectos económicos, especialmente la inflación, así como la seguridad.

Si bien la inflación no es una fenómeno regional o local, los electores estarán por supuesto al tanto de aquellos candidatos que acaso tengan alguna fórmula para evitar la carestía y sus lesivas consecuencias sobre el bolsillo de los colombianos. Bajo esta sombra inflacionaria puede decirse, entonces, que arrancó la contienda para escoger 32 gobernadores, 418 diputados, 1.102 alcaldes, 12.072 concejales y 6.513 ediles, el próximo 29 de octubre.

De hecho, con la escalada alcista que se observa en estos días, sin ninguna redención a la vista, el aumento del salario mínimo se habrá consumido en poco tiempo. Incluso, si se compara el incremento salarial con la estruendosa devaluación de la moneda colombiana es factible encontrarse con que, en término de dólares, el último incremento fue bastante menor que en otras latitudes latinoamericanas. Y no habrá excusa de que el espiral inflacionario es un tema de la órbita nacional para que no entre de lleno en el debate regional. Ni mucho menos que al ser este también un fenómeno global, producido como secuela de la pandemia del coronavirus y la guerra de Ucrania, no hay nada qué hacer.

En ese sentido, por ejemplo, no se entiende como hay diferencias tan abrumadoras en relación con los índices de inflación entre las diferentes ciudades del país. Desde luego, podrán encontrarse respuestas a la mano en las deficiencias del abastecimiento, la ola invernal, las dificultades de transporte y otros condicionantes por el estilo. Pero, en todo caso, la democracia entraña esencialmente respuestas a los electores que les permitan tener esperanza y vislumbrar un mejor futuro. Y nada más desesperanzador que vivir en un permanente ambiente inflacionario y constatar a diario cómo los precios crecen sin posibilidades de mejora en el horizonte.

Al fin y al cabo, la inflación, quiérase o no, es el resultado de un desequilibrio entre varios factores de la economía que finalmente se traduce en impredecibles adversidades políticas. No en vano se trata de eso que se da en llamar, incluso impunemente, el “alto costo de la vida”, como si ello no entrañara un fracaso descomunal en la gestión pública. Porque ciertamente aceptar la inflación como una condición normal es reducir abiertamente las posibilidades de bienestar y prosperidad de los colombianos. Todavía peor en el ámbito recesivo que ya se otea y sobre el cual los organismos multilaterales vienen bajando aún más las precarias proyecciones de crecimiento económico en Colombia, en parte, a raíz de la reforma tributaria.     

En todo caso, quienes aspiren a gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos tendrán que afinar propuestas puntuales sobre cómo amortiguar el duro impacto de la inflación en sus localidades. Aquí serán determinantes asuntos como la cantidad y focalización de los subsidios e inversión social, destinación de regalías, manejo fiscal, así como el margen de acción para maniobrar en materia de tarifas de servicios públicos, sobretasas e impuestos territoriales, entre otros.

Otro tema de primera importancia en la agenda de la campaña será el de orden público y seguridad. Las estadísticas del Ministerio de Defensa y la Fiscalía muestran que hay una evolución dispar en muchos departamentos y municipios en cuanto a delitos de alto impacto, con caracterizaciones de victimarios y víctimas muy particulares. Incluso, la genérica agenda de paz de la Casa de Nariño, cuyo propósito es llegar a las elecciones regionales en medio de un cese de fuegos generalizado, necesaria y obligatoriamente tendrá una marcada aplicación focalizada en los territorios y allí las autoridades seccionales serán determinantes.

Visto todo ello, resulta evidente que el país vuelve a estar en modo electoral. Los próximos diez meses estarán marcados por un pulso político sin antecedentes entre todos los actores de la ecuación de poder regional y local. Pero sobre todo será el premio o castigo a las administraciones vigentes, especialmente en las grandes ciudades, donde por lo general las administraciones no suelen estar favorecidas en las encuestas, salvo contadas excepciones. Dar por sentado que el mapa político nacional se reflejará en gran parte en lo seccional y local, desconoce la dinámica histórica de los comicios territoriales, que siempre suelen dar sorpresas al por mayor, mucho más en un entorno político tan incierto como el que se vive.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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