La desigualdad deja marcas: se ve en el genoma de las poblaciones antiguas

Rapto de las sabinas, escultura de Juan de Bolonia, en la Plaza de la Señoría en Florencia, Italia.

Cuando era niño, mi casa estaba llena de libros de historia que mi padre había comprado, aunque, desgraciadamente, nunca tuvo tiempo de leerlos. Incluso la calle en la que vivíamos, en el barrio Gótico de Barcelona, estaba empapada de historia, ya que la mayoría de sus edificios datan de la Edad Media. La historia antigua era un tema de conquistadores, citas dramáticas, batallas sangrientas y muertes. Pero nunca se mencionaba a la gente anónima, el pueblo llano que constituye el grueso de la población. Aunque a la hora de especializarme me decanté por la biología evolutiva, la historia siempre me ha interesado. (Se podría decir, por supuesto, que esas dos disciplinas, junto con la astronomía, tienen un elemento en común: la dimensión temporal).

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