El sentido del plebiscito del 4 de septiembre

SEÑOR DIRECTOR:

El plebiscito del 4 de septiembre del pasado año rechazó una propuesta de nueva Constitución. Esa fue la precisa e importante consecuencia de lo que ocurrió ese día.

Lo que dicho plebiscito no hizo fue acabar con el proceso constituyente (hay uno nuevo en marcha). Tampoco disolvió las causas que en octubre de 2019 sacaron a millones de personas a las calles, pacíficamente, en las principales ciudades del país, ni canceló el proceso de cambios que vive el país (por ejemplo, en materia laboral, tributaria y previsional). Menos aún puso término al gobierno que asumió en marzo de este año.

Quienes desconocen aquellas causas o las minimizan y consideraron irrelevante las marchas de 2019, o se oponen al proceso de cambios antes aludido, o son opositores al actual gobierno, están en su derecho, pero no por ello lo tienen a dar al resultado del plebiscito de 2022 unos efectos colaterales que cuadren con sus deseos, fobias, intereses o expectativas políticas. Como tampoco tienen derecho a promover que el país vuelva a poner bajo la alfombra todos sus problemas estructurales, y ello solo porque ahora, con justificada razón, el problema de la seguridad pública se ha vuelto claramente prioritario.

Poner de nuevo nuestros problemas bajo la alfombra tendrá un solo efecto, y en el corto plazo: volveremos a tropezar con la alfombra.

Agustín Squella

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